Empezar un nuevo mes siempre es especial para mí. Me gusta hacer un recuento de lo realizado durante el mes para estar segura de haberlo aprovechado al máximo y anotar aquellas cosas que me hicieron falta para llevarlas a cabo en el nuevo mes. Esa tarea la hago todos los meses y la recomiendo, créanme que resulta una experiencia motivadora. Al final del año se darán cuenta que casi todos sus objetivos fueron cumplidos y el premio, por la satisfacción sentida, no tiene precio.
Febrero para los que vivimos en Panamá fue un mes bastante relajado: carnavales, San Valentín y no nos dimos cuenta cuando se fue el mes.
Marzo tiene muchas expectativas: la economía se reactiva, los niños regresan a clases y, algo que no podemos obviar, estamos en Cuaresma; tiempo para reflexionar y crecer como seres humanos. Les confieso que durante muchos años mi manda era no comer dulces ni tomar sodas; con el tiempo, he entendido que el verdadero sacrificio va más allá de eso, se trata de intentar ser la mejor persona posible pase lo que pase.
En este momento los exhorto a tomar un pedazo de papel para que copien sus fortalezas y debilidades. Es una experiencia donde nos autoevaluamos con miras a mejorar. Vamos todos juntos a trabajar por corregir esas debilidades que como humanos tenemos, algunas veces por desconocimiento otras porque estamos distraídos pero que pueden perjudicar nuestra vida afectando también la de esas personas que comparten con nosotros. También debemos estar orgullosos de nuestras fortalezas las cuales debemos potenciar y disfrutar al 100%. Que sea un mes para perdonar, compartir, amar. . . y un mes productivo.
Quiero compartirles un mensaje que me encanta de un gran libro de Paulo Coelho: “El Alquimista”. ¡Qué buen libro! Y aquí les va el Secreto de la Felicidad damas y caballeros, lean con atención:
“Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que lo atendiera.
El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.
−Pero quiero pedirte un favor -añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.
−¿Qué tal? -preguntó el sabio- ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El joven avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
−Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el Sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
−¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el Sabio-.
El joven miró la cuchara y se dio cuenta que las había derramado.
−Pues éste es el único consejo que puedo darte -le dijo el más Sabio de todos los Sabios-. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.”
¡Sabias palabras! ¿Verdad? Espero haberles inyectado energías y transmitido las mejores vibras para que arranquen marzo con todas sus fuerzas, mucho entusiasmo, fe y confianza en sus capacidades las cuales les servirán de motor para emprender todo lo que se propongan. Recuerden: “El secreto de la felicidad está en ver las maravillas del mundo, pero sin olvidarte de tu misión y de tu objetivo.” Paulo Coelho.
Besos,

Sheldry.


